Historia

La Semana Santa es la tradición más indeleble de la ciudad de Cartagena. Para la inmensa mayoría de sus habitantes son las fechas de sentirse cartagenero por los cuatro costados, asistir a las Salves cantadas en las puertas de la iglesia de Santa María a las respectivas advocaciones de María que cierran la casi totalidad de los cortejos, entre emociones y ruido de cohetes y ver las procesiones en aquellos sitios de “toda la vida“ junto a los familiares, amigos y visitantes.

Una de las agrupaciones más simpática y querida por el cartagenero es la de San Pedro Apóstol, quizás porque en ella se concentra la idiosincrasia de una ciudad castrense y marinera: la vinculación con la Armada Española a lo largo de siglos y la personalidad del Santo Pescador de Hombres, vinculada también a los hombres de la mar.

La Historia de la Agrupación de San Pedro gravita entre dos fechas cuya capital importancia es incuestionable: la fundación o primera salida del trono en la procesión del Miércoles Santo en 1755, y la creación de la Agrupación como tal en 1932. Muchos años, hasta nuestros días, que han hecho de los sampedristas un ejemplo para procesionistas y cartageneros de amor y trabajo por esta ciudad y su Semana Santa.

El 13 de junio de 1747 la Cofradía de Nuestro Padre Jesús en el Doloroso Paso del Prendimiento y Santo Celo del Bien de las Almas,-conocida popularmente por Cofradía California-, establecida canónicamente en la iglesia de Santa María de Gracia, tenía, entre sus piadosos objetivos, el deber de organizar el Miércoles Santo de cada año, una procesión con la imagen de Cristo Prendido por las calles de la ciudad.

A los tres años, 1750, los escribanos y curiales de la ciudad solicitaban el permiso a la Cofradía para procesionar a la Virgen del Primer Dolor, y un año después, 1751, los componentes del gremio de la construcción harían lo mismo con San Juan Evangelista. En menos de un lustro, la procesión del Miércoles Santo quedaba formada por tres pasos o tronos.

En este contexto procesionista faltaba, sin embargo, la presencia de otro protagonista, junto a María y el Evangelista, de la Pasión de Cristo: la figura de San Pedro. De todos es conocida la devoción de los hombres de la mar al Pescador de Galilea; en este rincón del Sureste, como en otros lugares costeros de la geografía hispana, su patronazgo y culto estaría, fuertemente arraigado en marinos, operarios y trabajadores del Real Arsenal de Cartagena, que ateniéndose a la mentalidad de la época, honrarían al Santo Patrón con la celebración de una procesión como muestra pública de su fervor. Es, por tanto, fácil de comprender la intención de los hombres del Arsenal de incluir a San Pedro en el ciclo procesionil del Miércoles Santo y formar parte de la Cofradía California.

Con todo lo expuesto, en 1755, los Destajistas de Jarcias del Real Arsenal de Cartagena, solicitaban de los directivos californios permiso para procesionar al trono de San Pedro, junto al de San Juan, la Virgen Dolorosa y Cristo del Prendimiento, en la noche del Miércoles Santo, la cual suponemos le sería admitida. Por el único Libro de Actas conservado por la Cofradía de la época fundacional, sabemos los nombres de algunos mayordomos en este período: Francisco García Nevado, Joseph Ruiz y Julián Alcaraz. Pero, los destajistas no debieron atender satisfactoriamente el culto y devoción al Titular, por lo que, siete años después, 1763, serían relevados de sus compromisos adquiridos con la Cofradía, haciéndose cargo de los mismos el Servicio de Calafates del Arsenal. La solicitud, aprobada el 23 de marzo de 1763, por el Hermano Mayor, D. Juan Bautista Lamberto, Presbítero y Vicario de la ciudad, y el Comandante General del Arsenal, -cuyo nombre no han conservado los documentos-; es además la prueba definitoria del vínculo de la Armada con San Pedro desde los albores de su fundación.

 

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

No se conoce la fecha exacta, aunque ya en esta centuria hay referencias documentales, del Traslado de San Pedro el Martes Santo desde el Arsenal hasta la iglesia de Santa María de Gracia o Iglesia Mayor para participar, al día siguiente, en la procesión de los Californios, -apelativo popular de los cofrades del Prendimiento, consecuencia de que un grupo de vecinos, procedentes del Virreinato de Nueva España (California), entraran a formar parte de la hermandad, generalizándose el sobrenombre a todos sus miembros-; costumbre convertida en tradición a lo largo de todos estos años hasta nuestros días. El cortejo contaría con la colaboración de todos los Cuerpos de la Maestranza, de importantes donativos recogidos entre operarios de Herrerías, Armeros, fábricas de Jarcias, Lonas, Veleros, Carretas de Astillero, Oficiales de Mar, de Galera, marineros y tripulaciones de buques del Arsenal, y otras ayudas en materiales que pudiera necesitar, convirtiéndose el Apóstol en patrón de dicha institución en Cartagena.

El Martes Santo, titular y trono eran preparados por la mañana para, al atardecer, formar una comitiva de dos largas filas de operarios, provistos de cirios encendidos, vestidos con los trajes de gala de sus respectivos cuerpos de la Maestranza, junto a la banda de música y un piquete de Infantería de Marina, llevar a San Pedro a la iglesia Mayor. Este hecho debió de contar con el beneplácito de los jefes y oficiales del Arsenal, ya que sin él, difícilmente podría explicarse la participación de los maestrantes en el mantenimiento y cuidado del trono e imagen, y su salida desde dicho centro militar. Los calafates acompañaban, en estos primeros años, en la procesión del Miércoles Santo, en número no inferior a doscientos, a su Santo Patrón por las calles de Cartagena, causando el respeto y la devoción de los vecinos.

 

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

No hay ninguna referencia escultórica documental ni gráfica sobre la primitiva imagen fundacional de San Pedro, ni el autor de la misma, sustituida años después por una segunda talla, obra del discípulo de Francisco Salzillo, Roque López (1747–1811), autoría descubierta de forma casual, al desprenderse uno de los pies, -cuando era colocada la imagen en su peana-, en cuya planta llevaba la firma del artista murciano. Era una imagen de devanaderas, es decir, de vestir; manto y túnica en raso galonado y terciopelo y corona de “aureola”, -que importó la cantidad de 126 reales-, pagada por la Cofradía en 1773.

La escultura de San Pedro, muy al gusto dieciochesco y acorde con las demás existentes en el cortejo pasionario del Miércoles Santo de los encarnados (color distintivo de la Cofradía California), era una obra llena de expresividad, acentuada por el gesto patético de su boca entreabierta, signo de la amargura por su negación al Maestro; un estado de profundo éxtasis en el que los ojos, desmesuradamente grandes, -rasgo éste peculiar del artista-, desempeñaban el papel principal. La cabeza elevada hacia el cielo, barba y el cabello rizado, la frente despejada con la habitual calvicie; su mano izquierda, cruzada sobre el pecho, mientras la derecha extendida, completaban la fisonomía del Santo, plenamente ajustada a la iconografía tradicional de la época. Tratábase por tanto, de una talla de interés en la obra de Roque López, quizás inspirada en el estilo expresivo de Nicolás Salzillo, padre de su maestro.

 

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

La efigie del Pescador saldría a la calle en los primeros años en un trono de aspecto sencillo, posiblemente una plataforma con una peana para la imagen y cuatro candelabros o hachas en sus cuatro ángulos; un adorno floral en derredor, completaba la visión plástica del conjunto. Éste se mantendría hasta 1898 en el que se dotaba de uno nuevo, al más puro estilo cartagenero, -dos cuerpos estructurales y ocho candelabros o “cartelas” de luz colocados cuatro en cada piso-, construido por el maestro carpintero Francisco Requena en los talleres del Arsenal.

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

La centuria del XIX es la más oscura de la historia de las procesiones cartageneras. Los libros de Actas y demás documentos de las dos hermandades perdidos en la Guerra Civil, la falta de continuidad en los desfiles pasionarios, -muchos años no saldrían-, provocados por las crisis económicas en la ciudad y convulsiones políticas en el país, hacen difícil la información de lo sucedido en los años decimonónicos.

El Traslado de San Pedro se hace, según testimonio periodístico de 1885, por “una comitiva semioficial con la banda de música de Infantería de Marina, precedida de la bocina (monumentales trompetas de cinco o más varas de longitud, transportadas en pequeños carritos que llevaban adornos representando castillos, garzas, montes, etc) y una multitud de operarios con cirio“.

La indumentaria de los penitentes (capirotes en el argot procesionista cartagenero) de San Pedro en la procesión del Miércoles Santo de estos años era de color morado; en 1890 se cambia a negro y rojo, para pasar a los actuales negro y blanco en los primeros años de siglo XX.

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Los trajes eran vestidos por los soldados del Ejército de Tierra de la guarnición al mando de un suboficial , a los cuales se les gratificaba con una pequeña cantidad de dinero (diez céntimos en los primeros tiempos, y una peseta en fechas posteriores) y un conco (bollo con un huevo cocido en el centro, merienda tradicional en fechas de Pascua de Resurrección) o empanada por su participación en el desfile procesionil; este hecho peculiar y único de las procesiones de Cartagena, general en todos los tercios de las tres procesiones existentes (Miércoles Santo y Viernes Santo, de madrugada y noche) puede considerarse un indicio o precedente, aunque no determinante, de la marcialidad en la Semana Santa de esta tierra.

 

Foto Sanchito-Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Los Mayordomos responsables, nombrados por las respectivas hermandades y resto de cofrades, salían de nazarenos (túnica de terciopelo en color rojo o morado y vara rematada en una cruz torneada de metal) delante de los respectivos tronos. Esta estructura organizativa de la procesión se mantendrá hasta la segunda década del presente siglo, al producirse un cambio radical, con la fundación de las agrupaciones que, alivian los gastos de las cofradías e individualizan en el trabajo a los componentes de cada uno de los tronos.

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

Serían los cofrades de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Cofradía Marraja) los primeros en crear lo que, en un principio se llama “subcofradía”, para después denominar “agrupación”. Un grupo de ellos en 1925, descontentos con la falta de religiosidad y recogimiento de una buena parte de los soldados, comenzaron a vestir el traje de penitente en algunos de los tercios marrajos, supliendo al militar correspondiente, el cual se quedaba en un rincón de la iglesia de Santo Domingo (sede canónica y templo de donde salían las procesiones marrajas hasta 1936) durmiendo y pagándole su minuta. Esta iniciativa, realizada sin el consentimiento, y a escondidas de los responsables de la cofradía morada (color distintivo de los marrajos), contaría con la felicitación del Hermano Mayor, el cual les encargaba la salida del paso del Sepulcro para el próximo año, naciendo así la primera agrupación. El ejemplo cundiría en los demás y en un corto plazo de tiempo se creaban la mayoría, primero marrajas y las californias más adelante, cuyos responsables fueron más reacios al cambio en un primer momento.

Los operarios maestrantes de San Pedro no serían ajenos a esta “revolución cofradiera”. Un primer paso importante fue en 1928 con el acuerdo del Cabildo de Mesa Californio (Asamblea de mayordomos presidentes de cada trono y Hermano Mayor) de cambiar el itinerario del Traslado de San Pedro a calles más anchas e iluminadas, a fin de darle más esplendor y suntuosidad. Un año después, el mismo Cabildo completa el acuerdo anterior, al otorgar el carácter de procesión a dicho Traslado. Pero es en 1930 cuando se colocan los cimientos de la futura agrupación, -que tendrá fecha oficial dos años más tarde-, al vestir los operarios de la Maestranza los trajes de penitentes en el Martes Santo.

El 23 de marzo de 1932,-exactamente 169 años después de que los calafates arsenaleros se hicieran cargo del trono de San Pedro-, un grupo de cartageneros, entre los que se encontraban trabajadores y operarios del Arsenal, fundan la Agrupación de San Pedro Apóstol.

Iniciada la contienda, el día 25 de julio, festividad de Santiago, la iglesia de Santa María es asaltada por milicianos, destrozadas sus imágenes y capillas, entre ellas la california, en la que se encontraban todas las tallas del insigne escultor Francisco Salzillo y la de San Pedro, de Roque López, además de la sede social de la hermandad, -anexa al templo-, con destrozos de archivos y expolio de vestuarios, bordados, estandartes, mantos y túnicas, etc.

Finalizada la guerra, los cofrades que aparecen encuentran ante sí un panorama desolador: casi todo el patrimonio, excepto los tronos, destruido. Habría que reconstruir todo lo perdido, si Cartagena quería Semana Santa.

La Agrupación de San Pedro Apóstol tiene que enfrentarse, además de todo lo anteriormente expuesto, a los gastos de un nuevo trono, porque el construido en 1898 fue sacado del Arsenal y quemado en terrenos del Ensanche (actual calle Wssell de Guimbarda). Gracias al trabajo sin descanso de los sampedristas en 1939 consiguen sufragar las 2.500 ptas que el escultor José Sánchez Lozano pide por la escultura de San Pedro. El trono de Santiago es reparado y aderezado para la imagen del Pontífice y se confeccionan rápidamente túnicas, capuces prestados para los penitentes,.....etc., ¡y San Pedro sale de nuevo a las calles de la ciudad el Martes y Miércoles Santo de 1940!.

 

Foto Archivo Agrupación de San Pedro Apóstol.

 

La vinculación de la agrupación sampedrista y el Arsenal se mantiene con la misma fuerza que antes de 1936, aunque de manera un tanto diferente en lo que respecta al mantenimiento y tutela de San Pedro. Se institucionaliza el binomio San Pedro–Armada al convertir al Santo Pescador en operario del recinto militar, con su nómina correspondiente y nombre: Pedro Marina Cartagena, cuyo salario es la ayuda económica de la Marina, como antaño lo fuese la Real Maestranza del Arsenal de esta plaza. En agradecimiento por todo ello, la Agrupación nombra al Almirante de dicho recinto militar Presidente Honorario Perpetuo de la misma y un jefe de la Armada la preside desde esa época. Ya en la década de los noventa, afianzando más la vinculación de San Pedro, trabajador de la Maestranza, el cargo de Presidente recae en el Ayudante Mayor, jefe superior inmediato de todos los maestrantes arsenaleros.

En todos estos años la Agrupación de San Pedro, ha ido perfeccionando y sustituyendo sus enseres patrimoniales, en un afán de sana superación y continuo trabajo por parte de sus miembros. Al igual que el resto de agrupaciones, su meta siempre ha sido y es, la mejora y la categoría del trabajo bien hecho; es lógico pensar que, a lo largo de estos años después de terminada la Guerra Civil, la renovación del patrimonio: estandartes, vestuarios de penitentes, tronos, etc., haya sido total. Este ansia de superación en todos los cofrades, en leal disputa con los de la otra hermandad, puede considerarse también una característica esencial en el resurgir y consolidación de los desfiles pasionarios cartageneros.